Los niños y niñas de segundo están dramatizando el cuento de otoño:
POR QUÉ EL PINO, EL ABETO Y EL ENEBRO CONSERVAN SUS HOJAS EN
INVIERNO.
Una vez, hace mucho tiempo, hacía mucho frío; el invierno estaba cerca. Todos
los pájaros emigrantes se habían marchado hacia el sur, para quedarse allí
hasta que llegase la primavera. Pero quedaba un pajarito que tenía un ala rota
y no podía volar. No sabía qué hacer. Miró a su alrededor para ver si
encontraba un lugar donde abrigarse y vio los hermosos árboles del enorme
bosque:
- Quizá los árboles me cobijarán durante el invierno-, pensó el pobre pajarito.
Llegó al lindero del bosque. El primer árbol que encontró fue un álamo blanco
de hojas plateadas.
- Álamo precioso. ¿Me dejas vivir en tus ramas hasta que llegue el buen tiempo?
- ¡Ahhh...! ¡Vaya una idea! Bastante trabajo tengo con vigilar mis propias
ramas. ¡Fuera de aquí!
El pobre pajarito, aleteando lo mejor que pudo con su ala rota, llegó al árbol
siguiente. Era un roble grande y frondoso.
- Roble, buen roble, ¿me dejas vivir en tus ramas hasta que llegue el buen
tiempo?
- ¡Vaya una pregunta! Si te dejo vivir en mis ramas picotearás todas mis
bellotas. ¡Fuera de aquí!
Aleteando lo mejor que pudo llegó a un gran sauce que crecía a orillas del río.
- Precioso sauce, ¿me dejas vivir en tus ramas hasta que llegue el buen tiempo?
- No, de ninguna manera. Yo no cobijo jamás a desconocidos. ¡Fuera de aquí!
El pobre pajarito no sabía ya a quién dirigirse. Muy pronto le vio el abeto y
le dijo:
- ¿Dónde vas, pajarito?
- No lo sé, los árboles no quieren cobijarme y yo no puedo volar lejos con mi
ala rota.
- Ven a mis ramas puedes escoger la que más te guste; mira, me parece que en
este lado se está más caliente.
- Muchas gracias, pero ¿podré quedarme todo el invierno?
- ¡Claro! Así me harás compañía.
El pino estaba muy cerca de su primo el abeto, y cuando vio al pajarito que
brincaba y revoloteaba sobre las ramas del abeto, le dijo:
- Mis ramas no son frondosas, pero puedo proteger del viento al abeto, porque
soy grande y fuerte.
Cuando el enebro se enteró, dijo que daría comida al pajarito durante todo el
invierno. Sus ramas estaban cubiertas de hermosas bayas negras, y las bayas del
enebro son un gran alimento para los pájaros.
El pajarito estaba muy contento en su casa, tan caliente y bien abrigada, y
todos los días iba a comer a las ramas del enebro.
Aquella noche el viento del norte pasó por el bosque. Sopló sobre los árboles
con su aliento helado y hoja que tocaba, hoja que caía. Quería tocar todas las
hojas porque al viento del norte le gusta ver los árboles desnudos.
- ¿Puedo jugar con todos los árboles? -preguntó el viento del norte a su padre,
el Rey de la Escarcha.
- No -dijo el Rey-, los árboles que han sido buenos con el pajarito, pueden
conservar sus hojas.
Y el viento del norte los dejó en paz, y el pino, el abeto y el enebro
conservaron sus hojas todo el invierno hasta que brotaron las nuevas. Y desde
entonces, siempre ha sido así.
LOS ÁRBOLES DEL CUENTO
 |
| Álamo |
 |
| Enebro |
 |
| Bayas de enebro |
 |
| Sauce |
 |
| Roble |
 |
| Hola de álamo |